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Casi listos para la inauguración de la exposición fotográfica del campamento

17 Ago

A pocos días de haber finalizado el primer Campamento de Proyección Social en Querecotillo, presentaremos una Exposición Fotográfica el miércoles 11 al mediodía en la primera planta del edificio de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Piura.

La exposición gira en torno a lo que es Querecotillo y lo que se realizó durante campamento. Dividida en cuatro series, con imágenes y retratos, intenta mostrar la realidad del distrito y el trabajo de los estudiantes de Ingeniería y Comunicación.

Te invitamos a presenciar el resultado de nuestro trabajo. La exposición finalizará el viernes 20 de agosto por la tarde.

Por Priscila Guerra

Fotografía: Rosario Seminario

Último día: ¡Hasta pronto, Querecotillo!

26 Jul

“Discípulos, es hora de levantarse. Ya nos vamos” comienza a llamar el papá del campamento, Nikolai Ezerskii, a todos los camperos. Son las 7:30 de la mañana. Hoy todos regresan a Piura luego de  nueve días de trabajo y diversión. La mayoría tiene muchos ánimos, están muy contentos. Otros aún quieren seguir durmiendo, pero no pueden hacerlo porque tienen que alistar sus cosas antes de partir y limpiar la casa –que está demasiado sucia-.

A los jóvenes encargados de pintar los salones parroquiales aún les falta terminar su trabajo. Tienen que acelerarse porque el tiempo les juega en contra esta vez. El bus llega a recogerlos a las 10 de la mañana. La mayoría de jefes de trabajo, por su parte, se apresuran en terminar los informes que el ingeniero Nikolai les ha encargado hacer y les ha dado ultimátum hasta hoy por la mañana para presentarlo (si no lo hacen, ya fueron). Como un verdadero equipo, todos empiezan a trabajar en conjunto y pasan muy alegremente sus últimos momentos en Querecotillo.

Hay un retraso con el bus, aún no llega. Parece que llegarán a Piura más tarde de lo previsto. A las 10:20 de la mañana, reciben la visita de Ramón Silupú Ruíz, alcalde de Querecotillo, y un grupo de autoridades, entre los que se encuentra el gerente municipal Milton Herrera, y el párroco José Chero, quien el día anterior ofreció una misa a los camperos y éstos hicieron la entrega de un cuadro simbólico con la imagen de San Josemaría Escrivá, primer gran canciller de la Universidad de Piura y fundador del Opus Dei.

Las palabras de agradecimiento y despedida de algunos de los representantes hacen entender a los jóvenes la gran labor que han realizado. “Esperamos verlos de nuevo muy pronto”, “ésta es su casa”, “son unos grandes jóvenes” y “que Dios los bendiga”, son algunas de las frases de agradecimiento y elogio que les dedican. No pueden faltar las palabras del papá del campamento, por supuesto. “Los alumnos también están agradecidos con ustedes por todo lo que les han dado”. La ceremonia dura unos 30 minutos, luego de una sesión de fotos. Al terminar, todos van al bus; suben enseguida.

Cuando el reloj marca las 11:15 de la mañana el bus arranca. Los muchachos están felices porque volverán a sus hogares, con sus familiares; sin embargo, se sienten apenados al dejar atrás el hermoso pueblo que los acogió durante casi 10 días. Ya se habían acostumbrado a él. Definitivamente, lo extrañarán.

En la Universidad de Piura, la decana de la facultad de Ingeniería, Susana Vegas Chiyón, junto a otros dos docentes espera al grupo campero. Las puertas de la entrada principal se abren, el bus ingresa, los jóvenes se emocionan y sienten la alegría de estar  de regreso en casa. Al bajar, los reciben con fuertes aplausos y con mucho orgullo, como todos unos triunfadores que han logrado conseguir el mayor premio.

Las palabras de agradecimiento de la decana son muy alentadoras e invitan a los chicos a seguir con su misión de ayuda. Les dice, «considérense ustedes los pioneros de esta gran iniciativa, ésta continuará en el futuro». La alegría se vislumbra aún más. Los camperos están preparados para volver a casa, donde se quizá se preparán para una próxima y no muy lejana oportunidad.

Por Jair Villacrez

Sétimo día: comunicándonos

24 Jul

Iniciando sesión. Todo está listo para empezar un nuevo día de trabajo. Atrás hay que dejar la flojera. Las manos deben empezar a trabajar. Sabemos que ayer ha sido un día muy cansado, lleno de tareas y celebraciones, pero hay un deber sagrado que cumplir: informar.

Nuestro impulso para trabajar es el contacto con la realidad. No hay mejor regalo que estar cerca de la gente y que ésta nos dé sus conocimientos o experiencias para que uno, con la ayuda de sus habilidades y la técnica, los comparta con los demás.

¿Le parece algo distinto a lo escrito en los días anteriores? Pues sí. Lo es ¿La razón? Hoy toca reflejar la misión de los comunicadores, aquellos que hacen posible que ustedes se enteren de lo que está pasando en este campamento de trabajo en Querecotillo.

La mayoría de estudiantes de Ingeniería aquí presentes piensan que su trabajo es más complicado o, quizá, superior al nuestro. Pero reconocen que lo que hacen no sería conocido si nosotros no estuviésemos junto a ellos. Cada carrera tiene su esencia, un modo de trabajo distinto para el bien de la comunidad.

Desde hace tres días que contamos con Internet de forma permanente, los “ingenieros” piensan que estamos holgazaneando en la red. Pero es porque la mayoría ignora lo que demanda un trabajo como el nuestro: verificar las actualizaciones y estadísticas del blog, revisar las visitas  y comentarios de Facebook, responder algunos correos electrónicos relacionados al campamento, editar fotos y, por supuesto, redactar.

Hablemos de esto, ¿es tan difícil redactar? la verdad, cualquiera puede tomar un lápiz y un papel –o mejor dicho escribir–, pero no todo el mundo lo hace competentemente. Sentarse a escribir, pensar en la historia, tratar de construir un texto coherente, atractivo, claro y accesible es lo que un comunicador realiza en la mayoría de sus trabajos. Nuestras profesoras de redacción siempre nos lo han repetido –y eso lo puede asegurar Priscila y Jair–: “el inicio de la historia que contaremos, esa primera oración, cuesta mucho, demasiado”. 

Una vez más ellos tienen razón, una foto puede tomarse con tan solo presionar un botón, pero capturar el momento exacto o elegir el encuadre más oportuno, contraste, regular el obturador, el ISO y otras cosas más, como lo hace Rosario Seminario, requiere de una ardua y necesaria preparación, además de mucha práctica y entrenamiento.

Que cuatro comunicadores vivan entre más de veinte “ingenieros” da mucho que pensar. En estos siete días de convivencia, forzada al inicio –no mentira, es solo una broma–, nos hemos vuelto más amigos y, no lo vamos a negar, hemos llegado a sentir que somos una gran e improvisada familia. Aunque parece ser que la figura paterna del campamento, Nikolay Ezerskii, nos prefiere a nosotros –espero que los de su facultad no lo tomen a mal.

En este campamento también nos hemos dado cuenta que tenemos un valor agregado como comunicadores. Y es que, en esta experiencia, hemos comprobado que nuestra carrera no abarca ningún parámetro cerrado o cuadriculado. Para nada. Por ejemplo, cada vez que podíamos, hemos apoyado a los «ingenieros»  en diferentes oportunidades, ya sea pintando puertas (Rosario), pintado paredes del salón principal (Priscila) o haciendo encuestas para concoer la realidad del sistema de abastacimiento de agua (Jair y Alan). Los estudiantes de Ingeniería no tienen de qué quejarse…

Ahora, casi una semana después de haber llegado a este distrito de Sullana, puedo afirmar en nombre de Rosario, Priscila y Jair, que no nos arrepentimos de venir a este campamento de Ingeniería, facultad a la que estamos muy agradecidos por habernos dado la oportunidad de desarrollarnos como profesionales y, por supuesto, como personas.

No crean que hemos olvidado de agradecer a los de nuestra facultad. Está claro que, sin los conocimientos que nos ha brindado, no hubiésemos podido trabajar y superar el nivel de profesionalismo esperado por los guinda. Quienes estudiamos comunicación o quienes laboran en un algún campo relacionado a ella conocemos cómo actuar para superar las expectativas.

Bueno, hablar tanto de nuestro trabajo me ha hecho sentir cansado. Ahora he de irme a acostar, dormir y descansar, porque mañana me espera otro día de trabajo. Ah, lo olvidaba, si quieren saber lo que hoy han hecho los ingenieros les recomiendo que lean lo que han hecho durante los días anteriores y agréguenle un poco más de acción. Hora de salir del equipo. Apagando el ordenador…

Por Alan García Saldaña

Fotografía: Rosario Seminario

Sexto día: ¡Hoy estamos de fiesta!

23 Jul

Siendo las 11 de la noche del 21 de julio, todos los futuros ingenieros que participan del campamento se van a dormir (supuestamente). Están emocionados porque mañana se celebrará algo especial: el cumpleaños de Bernardo Enriquez, uno de los promotores del campamento. Todos le están organizando una fiesta sorpresa mañana por la noche; han pactado guardar el secreto: pobre de aquel que no lo haga. Los comunicadores, por su parte, continúan en la sala de redacción, edición y diseño en el segundo piso haciendo lo suyo.

A la medianoche, estando todos en cama, despiertos, con las luces apagadas, se pasan la voz unos a otros para ir a saludar al cumpleañero, quien ya está dormido porque es de sueño ligero. Los comunicadores se apresuran en bajar porque también participarán del saludo. «¡Todos a Bernardo!», gritan a una sola voz los camperos, encienden las luces y se lanzan a la cama de Bernardo, quien de inmediato se despierta por el bullicio y logra ponerse de pie, rápidamente, antes de ser aplastado por todos. Así se inicia el quinto día de la jornada, con fervientes saludos de cumpleaños, que se mezclan con los flashes de la cámaras para las fotos del recuerdo. Al rato, los alumnos que participan del campamento, conscientes de la fuerte tarea que les espera hoy por la mañana, se van a dormir.

¡Lévantense! Ya es tarde

A las 7:30 de la mañana los camperos recién empiezan a levantarse. Es demasiado tarde. El desayuno ya está servido sobre la mesa y se está enfriando. Todos se apresuran en asearse y correr hacia el comedor. Ni bien terminan de comer, los chicos encargados de la nivelación y levantamiento de lotes van a buscar su material para ir al campo a terminar su trabajo. El equipo de wincheo, por su lado, ya terminó con lo suyo el día anterior.

Hoy se continúa encuestando a más pobladores para realizar el estudio del sistema de abastecimiento de agua. También se sigue visitando algunas de las 22 capillas que el párroco José Chero, de la iglesia San Francisco Javier de Querecotillo, tiene a cargo para poder realizar los planes de electrificación respectivos. Asimismo, el equipo de pintura se propone terminar de pintar el salón parroquial superior (el más grande) para empezar con los otros más pequeños. Resulta un poco complicado para los jóvenes pintar rápidamente ese colosal ambiente, pero con la ayuda del andamio que han construido será mucho más práctico.

Toda esta labor se prolonga hasta la 1 de la tarde, hora en la que se vuelve a los salones parroquiales para disfrutar del almuerzo del día: pollo al horno con ensalada rusa. Al terminar la comida, los estudiantes aprovechan para descansar un rato, ya sea durmiendo, jugando naipes, escuchando música o cantando al compás de la guitarra, como lo hace Jorge Wiesse, cuya melodiosa voz no deja de atraer a los oyentes. Pero que lástima que el tiempo pasa rápido: ya son las 3 de la tarde y hay que volver a trabajar.

La gran sorpresa

Los preparativos para la fiesta sorpresa de Bernardo se incian a partir de las 5:30 de la tarde, hora en la que la mayoría regresa de sus labores. Entre todos colaboran para decorar el ambiente del comedor, donde se celebrará el cumpleaño como toda una fiesta infantil: gorritos pequeños, globos, serpentinas, cucharitas y platitos de plástico, caramelos y una piñata del famoso dibujo animado Ben 10. ¡Ah! Y lo que nunca puede faltar: la torta -que también está decorada de Ben 10 y en el centro tiene un dulce en forma del personaje, que, a decir verdad, se parece mucho al cumpleañero-. En el centro del pastel se colocan dos velitas de números que delatan la nueva edad de Bernardo: 26.

Por otro lado, un grupo de ingenieros se encarga de distraer a ‘Bernabé’ (como también es conocido Bernardo) fuera de la casa para que no se de cuenta de la susodicha sorpresa. A las 6:40 de la tarde, regresa apresurado a casa porque a las 7 tiene que ir a la misa que le ofrecerán por motivo de su onomástico.

Cuando el reloj marca las 8:10, Bernardo regresa. Aquí se inicia el momento de tensión más grande por la sorpresa que se viene. Las luces del comedor están apagadas para no levantar sospecha alguna. El anfitrión de la fiesta entra sin tener la más mínima idea de lo que le espera, pasa al comedor como si no hubiese nada extraño. Pero, vaya, «¡Sorpresa!». Los camperos están ahí contentos y felices por ver a Bernardo alegre.

No faltaron las galerías de fotos, las bromas, la típica canción de cumpleaños, la torta en la cara, la tirada de la piñata, el brindis (con vinos obsequiados por el párroco de Querecotillo), la cena y todas esas cosas divertidas que hacen de una celebración un día muy especial y maravilloso para recordar por siempre.

Es claro que Bernardo está muy contento con todo eso. De repente, da unas palabras de agradecimiento y se empieza la cena. Una vez que todos han terminado -incluso de comer la torta-, están con más energías, dispuestos para ir a jugar la pichanguita de todos los días en el coliseo. Juegan por un algunas horas y luego vuelven a casa, donde algunos de ellos se asean para poder ir a dormir hasta el siguiente día.

 Por Jair Villacrez   

Fotografía: Rosario Seminario 

Quinto día: las primeras tareas parecen acabar

21 Jul

Hoy el día amanece igual que ayer. Un frío viento corre e invita a los chicos del campamento a seguir descansado, pero no lo hacen porque hay que ir a trabajar. Se han dado cuenta que es un poco tarde (7:30 am). Están un poco apresurados porque se han pasado de la hora programada. Si quieren tomar desayuno  a tiempo, que por cierto ya está listo, deben acelerarse.

Terminado el desayuno, Rosario Seminario, que ha sido bautizada como la fotógrafa oficial del campamento, y es la responsable de los “conflictos” entre el bando de la facultad de Ingeniería y Comunicación, sale a toda prisa acompañada de Miguel Vílchez, un futuro ingeniero mecánico eléctrico, hacia Piura. No tiene hora de retorno. Su computadora, que tiene un gran archivo fotográfico, incluyendo al campamento, se ha malogrado y podrían perderse, probablemente, para siempre.

Esta mañana los chicos continúan con las mismas tareas de ayer, pero con la diferencia de que hoy están mucho más avanzados. Por ejemplo, quienes realizaron desde el pasado domingo los trabajos de wincheo, o mejor dicho medición de terrenos, se encuentran procesando datos a la computadora en el comedor o construyendo el gabinete, como ellos prefieren llamarlo según sus tecnicismos.

Jorge Rosas del Águila, integrante del equipo de topografía, cuenta que gracias a este trabajo puede conocer con más profundidad lo que aprendió en la universidad. “He visto más de cerca la realidad cómo son los trabajos en el campo. En Querecotillo, mis compañeros y yo tenemos más dificultades para trabajar. Hay que lidiar con el sol, la arena, la desigualdad del terreno, etc. No es fácil hacer las labores con tanta gente pasando interrumpiendo de un lado a otro. Pero eso es muy importante para nuestra carrera”, comenta.

Hoy están sirviendo arroz con frejol blanco y pescado encebollado. Además han puesto limonada fresca para calmar la sed. Bernardo Enríquez, quien ha quedado a cargo del campamento y celebrará mañana su cumpleaños número 26, está preguntando a los chicos cómo les ha ido hoy. Ellos dicen que no se preocupe, asumen el reto de terminar todo por la tarde, se les ve muy convencidos para que estén jugando.

Después del almuerzo, los muchachos se están dando un descanso y están organizando lo que harán por la tarde. El grupo de levantamiento de lotes, que en la mañana terminó el trabajo de campo, tiene previsto trabajar también procesando datos. Los de nivelación de terrenos todavía regresarán al campo, aún les quedan cosas por hacer.

Al salón parroquial de la segunda planta solo le falta una mano de pintura. Debido a los inconvenientes ocasionados por la falta de instrumentos, los encargados del pintado se han visto obligados a improvisar un moderno e innovador andamio.

La tarde ha terminado y Rosario ha regresado. Por lo visto el problema de la computadora se ha resuelto, pero los comunicadores, que durante todo el día han estado trabajando para alimentar este blog, se han dado cuenta que hay un pequeño problema: no hay fotos para hoy.

Por la noche no hay nada nuevo que contar, pero cada vez los jóvenes están más unidos. A descansar ya, que mañana el día estará más pilas o, por lo menos, así se ha planeado…

Por Alan García Saldaña

Fotografía: Rosario Seminario

Cuarto día: las ganas de trabajar y la diversión continúan…

20 Jul

Siete de la mañana: hora de levantarse. El día empieza con fuerza. Todos están dispuestos a trabajar, pues las ganas de aprender más y poner en práctica los conocimientos adquiridos en las aulas son grandes. El campamento cada vez se pone más interesante, hay nuevas cosas por experimentar.

En el comedor comienzan a sonar los platos, tasas y cucharas que las señoras encargadas de la comida acomodan sobre la mesa. Los estudiantes de ingeniería se apresuran en correr hacia el baño para asearse y luego ganar su sitio en el comedor (tiene muchas ganas de comer). Sentados todos en la mesa, Jairo Reyes bendice los alimentos y da la orden para empezar a comer el delicioso seco de chavelo que se ha preparado. Se nota que a todos les ha encantado el desayuno, pues han dejado casi limpios sus platos.

Al salir del comedor les espera una sorpresa: el ingeniero Edgard Rodríguez acaba de llegar de Piura y se quedará un par de días en Querecotillo. Todos lo reciben con mucha alegría y entusiasmo y aprovechan para conversar con él por algún rato.

Ya son las 8:30 de la mañana y hay que ir a laborar. Pero, de pronto, reciben la visita del papá del campamento, el doctor Nikolai Ezerskii, y del ingeniero Juan Coronado, quienes han regresado para ayudar en las labores de proyección social, y con ellos los alumnos coordinan las actividades del día.

Los grupos de trabajo se dividen y van a sus respectivos puestos: topógrafos al barrio de Vichayal, donde tienen que continuar con la lotización de los terrenos; los encargados de la pintura al salón parroquial superior, donde aún falta darle color; los ingenieros eléctricos a las capillas de los poblados de Querecotillo, donde tienen que estudiar los problemas de electricidad.

A la 1 de la tarde todos vuelven a casa cansados por el arduo trabajo y a la vez contentos porque les espera un rico almuerzo: tallarines. Los platos no demoran en vaciarse y algunos de los futuros ingenieros aprovechan el tiempo de reposo que les queda para dormir antes de retomar sus labores a las 3 de la tarde; otros, por su parte, aprovechan para hacer bromas a los alumnos de Comunicación, con quienes han entablado “una contienda” desde hace pocos días. Una mujer, Rosario Seminario, encabeza el bando verde y un hombre, Eduardo Sosa, el bando guinda. Así se divierten ellos, retándose unos a otros. Pero, ya son las 3 de la tarde: hora de volver al trabajo. Todos se van.

¡A jugar fulbito!

Entre las 6:30 de la tarde y 7 de la noche todos vuelven apresurados porque quieren ir al coliseo a jugar fulbito, pero las señoras encargadas de la cocina los detienen para cenar. Ellos están encantados.

Bernardo, por su parte, tiene que ir a la parroquia San Francisco Javier, donde se proyectará la película ‘Qué bello es vivir’ y se hará un comentario sobre ella. Acuden más de 200 espectadores, la iglesia está casi llena. El público disfruta de la actividad.

De otro lado, en los salones parroquiales, los futuros ingenieros terminan de comer y corren en busca de su fiel compañera de juego para llevarla consigo: la pelota. Pero, lástima, el balón de fútbol no está. Tal parece que se perdió o quizá se les olvidó traerlo de regreso del coliseo el día anterior. Buscan y buscan, pero la pelota no está. No importa, a los futuros ingenieros nada les impide seguir con la diversión. Deciden irse al coliseo sin balón con la esperanza de encontrarlo ahí o de que alguien les preste uno.

Cuando llegan a su destino, el vigilante de turno les avisa que el día anterior habían dejado a su querida amiga, la pelota. Todos se llenan de alegría y felicidad al saber esta noticia. Entonces, el juego se inicia.

Risas, carcajadas, fuertes caídas, fuertes patadas y gritos de alegría y emoción por los goles metidos demuestran lo fascinante que es el fútbol. Las horas pasan y ya se hace tarde, son casi las 10 de la noche y es hora de volver a casa. Los miembros del equipo ganador reciben como premio ser los primeros en bañarse en las duchas. Los otros, esperan su turno. Ni bien terminan de ducharse, todos vuelven a casa.

Ya son las 10:40 de la noche y los futuros ingenieros están con las energías agotadas, súper cansados, sólo quieren dormir hasta el siguiente día. Así, todos calmados, se acuestan en sus camas, donde dormirán hasta mañana.   

Por Jair Villacrez

Fotografía: Rosario Seminario

Tercer día: el cansancio no importa

19 Jul

El tercer día de trabajo acaba de iniciarse. El reloj marca las 6 de la mañana y el momento de despertar ha llegado. El día se inicia frío, pero se vence este obstáculo y hace el sacrificio si se quiere ayudar.

A la mayoría de muchachos no les interesa que el agua con la que se están aseando esté muy fría, lo único que quieren es estar listos lo más pronto posible. Confían en que un buen baño matutino, o por lo menos un buen remojón de cara, es la mejor medicina para quitar la sensación de flojera que todos tenemos al despertar.

La mesa está lista. Sobre ella hay vasos repletos de jugo de piña, mantequilla y mortadela, además hay tazas vacías para quien quiera servirse leche o café. Durante el desayuno Bernardo y Christian nos hablan sobre las tareas que hay que realizar durante el día, por supuesto, no dudan en aparecer algunos comentarios bromistas de un par de futuros ingenieros.

Falta poco para las nueve de la mañana y ha terminado el desayuno, los alumnos se están dirigiendo a realizar sus respectivas faenas y, aunque en líneas generales se planea hacer lo mismo que ayer, hoy se pretende avanzar mucho más…

El equipo de pintura, liderado por el alumno Óscar Guillén, se encarga de remodelar uno de los salones comunales, el más grande de todos, ubicado al fondo de la segunda planta de la edificación. Guillén quiere que, después de la remodelación, la labor de evangelizar en Querecotillo se dé con mayor comodidad y facilidad.

En Vichayal, alrededor de diez alumnos realizan trabajos de topografía. Están divididos en tres grupos. El primero se encarga de ver la nivelación del terreno, el segundo del levantamiento de lotes, y el último de realizar mediciones precisas o wincheo, como popularmente se llama en la terminología ingeniera.

El resto de los muchachos continúa realizando encuestas acerca del sistema de abastecimiento de agua en el caserío de Santa Elena Baja. Este trabajo tiene como objetivo reconocer con mayor precisión cómo es la problemática de este recurso indispensable para la vida del hombre.

Que el reloj marque la una de la tarde es sinónimo de almuerzo en todo el Perú, y para este grupo de jóvenes no es la excepción. Hoy nos han servido una rica sopa de pollo y picante de gallina. Estamos conversando del trabajo de la mañana y se está planeando lo de la tarde que, por lo que me cuentan, será continuar con las labores y, si es posible, dicen, terminarlas.

Al finalizar la jornada, cerca de las 6 de la tarde, la mayoría de los integrantes ha concluido lo asignado. El salón del segundo piso ha quedado muy bonito, pero aún falta darle una segunda mano y pintar otras dos paredes más. Los de topografía están felices porque han terminado de medir la poligonal. El último equipo cuenta que ya se aplicaron todas las encuestas, ahora solo les queda procesar datos.

Durante la cena, Jairo Reyes, profesor de la facultad de Ingeniería, comenta que dará una charla a los feligreses querecotillanos. A su regreso cuenta que el templo se abarrotó y que los asientos no alcanzaron para tanta gente. Calcula que han asistido más de trescientas personas. El tema que tocó, acorde con el pensamiento de San Josemaría Escrivá, fue «la santidad del hombre en su vida ordinaria».

Cerca de las diez y media, algunos jóvenes regresan al salón comunal después de haber tenido un encuentro deportivo. Cansados por el trabajo y el juego, lo único que quieren es descansar. Saben que mañana hay más tareas que cumplir, pues se tiene planeado salir al campo de trabajo antes de las ocho de la mañana.

Por Alan García

Fotografía: Rosario Seminario