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Juventino, el hombre que no deja atrás a su juventud

21 Jul

Tiene 103 años y escaso cabello blanco, es de estatura mediana, contextura delgada y tez trigueña. Su secreto para llegar a esta edad fue trabajar mucho y no tener cólera, afirma Juventino Pardo Cruz con una  mirada lúcida. Su nombre está acorde con la juventud que aún posee y es el hombre con más años que vive en Querecotillo. Nació en Loja, Ecuador, el 29 de octubre de 1908. Hoy, tiene ocho hijos,  ocho nietos y cuatro bisnietos, de quienes se siente muy orgulloso.

El anciano de sonrisa amplia y ojos negros vivaces estudió hasta tercer grado de primaria en su tierra natal. Desde niño, siempre ayudaba a su madre en los quehaceres del hogar y le obedecía en todo. Quedó huérfano de padre a los siete años y creció junto con sus doce hermanos. Su mamá murió a los 126 años. Él es el tercer hijo y es el único que está vivo.

A los 14 años llegó a Perú para trabajar. De 1929 a 1968 trabajó como capataz y chofer en la International Petroleum Company de Talara.  Un año después de su jubilación, decidió cambiar de aires y mudarse con sus seis hijos, dos hijas y su esposa  a Querecotillo. En este pueblo laboró en su chacra hasta los 99 años.

“Toda mi vida he trabajado. A mis hijos siempre les decía que deben estudiar para que luego trabajen”, asegura. Dos de los hijos del carismático Pardo son profesionales, un abogado y un médico pediatra que vive en Argentina, el resto trabajan independientemente. Juventino ahora vive con tres de sus hijos, que son solteros, y con su esposa.


El anciano de mirada amable se casó a los 29 años con Candelaria Sánchez. Ella es querecotillana, tiene 94 años y hasta antes de caer muy enferma era una abnegada ama de casa. Él dice que siempre ha tenido una buena relación  con su esposa y cada problema que tenían siempre lo resolvían juntos.

Los años no le ganan al alegre Juventino, quien suele levantarse todos los días a las 8 de la mañana, desayunar y ver televisión. Almuerza al mediodía. Duerme dos horas en la tarde y cena a las cinco. Come de todo.  Fue operado de próstata y una hernia. Ahora usa un bastón para caminar, sufre de sordera y no ve bien, pero conversa amenamente y es muy lúcido al responder preguntas.

Pardo es conocido por sus familiares y vecinos como un hombre muy cariñoso y amable. Su hija Luisa dice que siempre ha sido un buen padre y que los educó siempre dando el ejemplo.  Sus hijos que no viven con él, lo llaman todas las semanas para saber cómo está. Cuando cumplió 100 años le celebraron una gran fiesta en el Club Social de Querecotillo.

Juventino es fiel devoto del Señor de Chocán  y, aunque ya no pueda ir a misa, le agradece a Dios porque le está concediendo más vida. Asegura que lo primero que debe hacer el hombre es amar a Dios y a la Virgen María para que siempre le bendiga.

Por ahora, el humilde y generoso Juventino está feliz porque vive con sus hijos y ellos lo atienden con mucho amor. Él espera seguir viviendo los años que Dios le conceda. Nos despide con una sonrisa y con una voz tímida nos agradece por la visita.

Por Micaela Seminario.

Fotografía: Priscila Guerra.

¡Gracias familias de Querecotillo!

17 Jul

Los alumnos participantes, nos sentimos muy agradecidos por el cariño y el recibimiento de la gente, sobre todo por el de la que nos ha acogido en sus casas. A lo largo de la semana, conocerán a las generosas familias que no solo abrieron las puertas de sus hogares, sino también las de su corazón.

Historia del Señor de la Buena Muerte de Chocán

25 Jul

La historia del Señor de Chocán se remonta desde hace más de cuatro siglos, en la época de la Conquista. Según la versión popular, uno de los acompañantes de Francisco Pizarro encontró a orillas del río Chira (en un lugar llamado Chocán) un madero, cuya lisura y aspecto pintoresco llamó su atención. El hombre tenía curiosidad por saber qué clase de madera era la que había encontrado. Entonces, se le ocurrió cortarlo y al hacerlo pasó algo misterioso: de la madera brotó sangre.

Este hecho fue considerado un milagro y el madero fue trasladado a una covacha en Chocán, donde sería conservado hasta que llegara algún escultor que pudiese esculpir una imagen para el Señor de Chocán. Después de un tiempo, el esperado hombre llegó. Tenía la cabellera larga y blanca, usaba una gran barba y tenía un aspecto misterioso. El foráneo sólo pidió que lo dejaran trabajar en un lugar solitario por tres días, además de comida para alimentarse.

Cuando llegó el tercer día, la población, entusiasmada por ver la imagen, se concentró fuera de la pequeña cueva, pero el escultor no salía de ella. Entonces, todos empezaron a preocuparse y decidieron entrar al lugar. Al hacerlo, encontraron la imagen de un Cristo moreno crucificado, artísticamente tallado. Todos estaban conmocionados. La gente comenzó a buscar al escultor, pero había desaparecido.

Pasado algún tiempo, un cura de Querecotillo fue a buscar la imagen de aquel Cristo y dispuso que fuera llevado al templo central. En un primer momento la población se resistió a la orden, pero luego cedió. Al intentar trasladar la escultura se presentaron algunas complicaciones, ya que era demasiado pesada; sin embargo, se logró llevarla. En el pueblo hubo días de luto y días de llanto.

Algo inexplicable sucedió al poco tiempo: la imagen del Cristo crucificado regresó a su lugar de origen. Nadie se explicaba cómo la habían sacado del templo, pues siempre estaba resguardada. La imagen fue llevada nuevamente, pero hubo muchas ocasiones en que retornaba por sí sola. Luego, el gobernador de Querecotillo de aquel entonces, enterado del suceso, decidió trasladar la figura hacia la actual parroquia San Francisco Javier, donde, después haberse incendiado y restaurado, se mantiene hasta ahora, .

Desde aquel acontecimiento la imagen es venerada por la población de Querecotillo y los visitantes. El día central de la fiesta es el 2 de febrero, fecha en la que miles de creyentes se reúnen para entregar sus promesas. Esta festividad se celebra durante una semana, en la que se pasea la imagen del Señor de Chocán por los alrededores de Querecotillo; además hay ferias de exhibición en el pueblo y se acostumbra a ofrecer una serenata en homenaje al Señor de Chocán, en la que no puede faltar la quema del castillo de fuego.

Por Jair Villacrez

Fotografía: Rosario Seminario

Unos alumnos de la Udep estudian el sistema de abastecimiento de agua de la planta La Peña

21 Jul

Con el objetivo de brindar una mayor calidad en el servicio de distribución de agua potable de Querecotillo, dos alumnos de la Facultad de Ingeniería realizaron ayer un recorrido por la planta de bombeo del caserío La Perla, ubicada en la ribera del río Chira.

El ingeniero Juan Coronado, especialista en sistemas hidráulicos y ex profesor de la Universidad de Piura, asesoró el trabajo de los alumnos como Gerardo Ordinola Correa, quien se encargó de medir y estudiar el sistema que abastece a los caseríos La Peña, La Horca, El Porvenir, Santa Cruz, Puente los Serranos, Santa Margarita, Santa Elena Alta, Santa Elena Baja, entre otros.

La problemática en estos caseríos es común. Día a día, los pobladores tienen que aprovechar el poco tiempo de suministro de agua para llenar baldes, tinas, tanques plásticos, etc. La potencia con la que el motor trabaja no es suficiente para abastecer a todos los poblados, de forma continua y al mismo tiempo.

Santos Mogollón Siancas, operador de la bomba desde hace dos años, explica que el poco caudal se debe a que los recursos son suficientes. “Lo que se paga por el consumo está entre los 5 y 10 nuevos soles, solo alcanza para cubrir las necesidades mínimas, es decir, el mantenimiento de la maquinaria, el pago de operadores, vigilancia, etc. El pago no permite mejorarla, aun cuando ésta sea una gran intención”, declaró.

Desde el inicio del campamento, los alumnos de la Universidad de Piura vienen realizando encuestas a los moradores de los caseríos afectados con la finalidad de conocer cuál es su  realidad y sus verdaderas necesidades. Procesadas las encuestas, los resultados ayudarán a crear un plan estratégico de mejora del sistema, por el que los caseríos gozarán agua potable las 24 horas del día.

Antes de que la ONG Plan instalara este sistema hacía unos años atrás, los niños de estos pueblos eran víctimas de enfermedades gastrointestinales y parasitarias. Esta organización donó un motor a combustible que ayudó a mejorar la distribución del líquido. En la gestión del alcalde Ramón Silupú el sistema se adaptó a electricidad. En la actualidad la bomba trabaja entre 8 y 10 horas diarias.

Conozca un poco más

Puente los Serranos tiene 2 horas 10 minutos de agua al día, Santa Margarita, 5 horas 30 minutos, La Horca, El Porvenir y La Peña, 3 horas.

Por Alan García Saldaña
Fotografía: Rosario Seminario

Querecotillo: la capital del oro verde y oscuro

12 Jul

Diez de la mañana. El cielo está impecable, se muestra limpio, virgen y eterno. El sol no quiere salir aún por este lado de la Tierra, piensa que es muy temprano para hacerlo. Los árboles de algarrobo, verdes y vivos, llenos de alegría, decoran los alrededores de la zona. El aire que se respira en este lugar es puro, propio de la naturaleza. Los pajaritos, que descansan en sus nidos sobre los árboles, cantan armoniosamente su melodía y con ella le dan al lugar esa sensación de belleza, pureza, alegría, sencillez, paz y tranquilidad, como si se estuviese en el campo. El fastidioso y típico ruido de las ciudades modernas, generado por el exceso de autos y toda clase de vehículos –e incluso por la gente–, aquí no existe. A lo mucho se oyen tres o cuatro vehículos que pasan cada cinco minutos por la avenida principal, frente a la Plaza de Armas y a la Catedral. Todo parece perfecto.

De repente, se oyen unas trompetas, luego unos tambores y, por último, unas tarolas. En la Plaza de Armas, frente a la Catedral, seis ancianos tocan un vals con mucho entusiasmo y esmero. La melodía de la canción ‘Todos vuelven’ anuncia la inminente celebración de la misa en la iglesia, que luce espléndida y elegante con su peculiar estilo moderno, cuyo arquitecto quiso resaltar la omnipotencia divina mediante las colosales columnas sobresalientes y las rejas negras que la rodean. En la parte más alta (la punta) de esta fortaleza religiosa se puede apreciar una cruz blanca de fierro, la cual se impone en el centro de la ciudad y manifiesta la supremacía de Dios en este lugar.

La Plaza de Armas del lugar es bastante sencilla, tiene una forma rectangular y es relativamente grande. Una gran cantidad de pinos la adornan y le dan ese toque perfecto de lugar de reposo, en el que algunos ancianos descansan tranquilamente sentados sobre banquitos verdes de madera y conversan con sus contemporáneos de sus añoranzas sobre este espléndido distrito, cuya historia es muy rica y tiene mucha antigüedad puesto que fue el primer distrito de Piura. En el centro de la plaza hay dos monumentos de color dorado, son los bustos redondos de dos grandes personajes históricos del Perú: Francisco Bolognesi y Miguel Grau. Entre los dos monumentos, que se sostienen sobre bases de concreto de aproximadamente dos metros, se abre un arco semiesférico, lo que le da una gran vista a la plaza.

Frente de esta plaza se encuentra el parque La columna de Junín, en cuyo centro se alza una columna de aproximadamente 6 metros de longitud, muy parecido a los monolitos de las culturas preincaicas, y que se hizo en 1961 en honor a la Caballería Peruana. En este parque, decorado por palmeras en los laterales, con un diseño arquitectónico moderno que muestra los asientos de la plaza en forma de dos letras del alfabeto, la A y la C, dos mujeres venden ceviche todas las mañanas desde hace 20 años. Las personas que trabajan cerca de allí hacen una pausa a sus labores para disfrutar del sabor del ceviche piurano en este lado del mundo. Señoras, jovencitas, adolescentes, ancianos, niños, niñas, hombres y no tan hombres –de los que se aprecia una gran cantidad en el parque y en todo el distrito–: todos disfrutan de ese rico plato peruano.  

A las once de la mañana el sol empieza a asomarse, le sonríe al día y con sus rayos le da más vida al ambiente, lo llena de alegría. Se oyen unos gritos angelicales, característico de los niños, quienes salen de sus escuelas a esta hora durante estos días, debido a que la Comunidad Campesina –conformada por la mayor parte de la población de la zona– está de aniversario. Los cuetecillos y otros juegos pirotécnicos comienzan a reventar en el cielo: avisan del final de la misa y, al mismo tiempo, el inicio del desfile de las principales autoridades de la Comunidad Campesina, quienes estuvieron –como verdaderos fieles– participando de la misa minutos atrás. Los que desfilan lo hacen al ritmo de la música tocada por los ancianos y muy alegremente portan con ellos la imagen de Juan Velasco Alvarado, quien para ellos fue un héroe. La gente ya está ovacionada, pero la mayoría mantiene la compostura.

Las mañanas son divinas, las tardes preciosas y las noches elegantes: el día es maravilloso. Pero no todo lo que brilla es oro y aunque este distrito sea conocido como ‘la capital del oro verde’, por las grandes extensiones de cultivo de banano orgánico que lo rodea y las zonas arroceras que le dan un aspecto de alfombra verde al recorrer los campos de los centros poblados, tiene también un color oscuro debido a los vicios del pueblo que se despiertan durante la noche… Así es Querecotillo. 

Por Jair Villacrez